Anata* en la Ciudad: Ch’alla de los Yapus Urbanos

Juan Carlos Nina Bautista (Archi), Noemí Ríos Atanacio.
[*] ANATA, en el idioma aymara significa, Juego. Carnaval…

Los carnavales, nos indican un tiempo de fiesta, de juego, de revaloración de la vida, donde se festeja el afloramiento de las semillas de los “Yapus Urbanos” (Chacras en la ciudad).

En medio de la revaloración de la vida por la emergencia sanitaria que vive nuestro país y también en una época “húmeda” (tiempo de lluvias), hemos festejado el afloramiento de las semillas de los “Yapus Urbanos”, pero no solo de estos, también a las casas de los vecinos como principal centro de crianza de la vida en las ciudades. Este diálogo intercultural, entre el cemento y la tierra se vivió junto a los niños, niñas, jóvenes, abuelos y abuelas del barrio de Alto y Central Tacagua, de la ciudad de La Paz.

El “Anata” (juego andino) es una fiesta ritual prehispánica que se práctica en el ciclo agrícola de época de lluvias, se caracteriza por bendecir y agradecer a la “Pachamama” (Madre Tierra), se agradece por los primeros frutos de la papa y el afloramiento de las semillas, es un tiempo agrícola de juego y armonía entre las familias y la naturaleza, se retribuye en reciprocidad, con flores, con serpentinas, confites y también, con frutas.

En correspondencia a este tiempo, como organización “Nina Mayu – Inti Watana” junto a los vecinos/criadores y familias de los ayllus urbanos celebramos la fiesta del anata, el martes de “Ch’alla (ritual-celebración), adornando los Yapus con serpentinas, “confites” (dulces de anís) y flores que al son de la “tarqueada”, música cultural que se toca con las “Tarkas” que es un instrumento de viento de época húmeda, que interpretamos para jugar y alegrarnos con la madre tierra.

Diálogo entre el tiempo moderno y el tiempo andino.

En estas fiestas, se unen dos tiempos, el cronológico gregoriano de los 12 meses y el agrícola andino que corresponde al jallupacha (tiempo de lluvia) y awtipacha (tiempo seco). De ahí que la crianza de las semillas en espacios urbanos nos ha llevado a vivir no solo de acuerdo a las fechas y días de fiestas cívicas como son los carnavales, también al ritmo del calendario agrofestivo, tiempo húmedo, que corresponde a las fiestas de Anata.

Al contrario de la modernidad, esta crianza de las semillas en las ciudades aporta a la construcción de ciudades más amables e interculturales, con mayor respeto a la diversidad cultural y la reproducción de la vida. Vamos a decir que quizás puede ser un diálogo entre el Ser y Estar: a) SER individuo en sociedad y b) ESTAR criando en comunidad.

En esta parte de la ciudad, se ha sembrado alrededor de 70 yapus urbanos en las jardineras públicas, las mismas que se encuentran situadas entre las gradas que suben y bajan a la ciudad de La Paz. Estos yapus urbanos en estos tiempos de emergencia sanitaria han servido para mitigar la escasez de alimentos. Existe siembra de tubérculos como la papa y hortalizas como las habas, así como también plantas medicinales, ejemplo: la manzanilla, el romero, cedrón, entre otras, plantas que son pertinentes para tiempos de covid-19 y que también han sido festejados en este tiempo de Anata.

Nos ch’allamos entre todos y con el todo, “todos somos sujetos”

En la ciudad de La Paz, en los carnavales vivimos un tiempo de reciprocidad en el que se agradece por todo cuanto se tiene, las familias salieron a la puerta de su casa a ch’allar a las semillas. Estas semillas hoy relucen de colores y aromas a plantas, en algunos casos se puede observar la flor y el fruto de la papa, “mak’unk’u”. Así nos comparte don Dámaso Laura Mamani, “Las flores de todo color están, todo está bonito, la hoja está grande, nada más voy aporcar un poquito más de tierra, para que crezca el fruto, pero que pase la floreada”. Quizás por eso, para nuestros abuelos y abuelas andinas este tiempo de anata significaba el fin de la época de escases ya que pronto sería la cosecha y este afloramiento era una de las señales para poder acceder a los primeros frutos.

Nos ch’allamos entre personas junto a los yapus urbanos, los animales, los automóviles, casas, muebles, etc., todos son sujetos que generan y regeneran la vida, incluso se festeja al “laq’u”, sí, al gusano, también es una persona, un sujeto, por tanto, tiene derecho de comer y alegrarse como cualquier otro sujeto, como nos cuenta el joven Robert Limachi, de la comunidad de Jihuaquta, provincia Pacajes: “En la época de Anata, cuando las semillas de papa ya están creciendo, se entierra frutas, ejemplo las lujmas, duraznos o manzanas, para que los gusanos se alimenten de estas frutas y no de las papas”.

Nuestra cosmovisión se relaciona de forma equivalente entre seres humanos, deidades, lo sagrado y la “Pachamama” (Madre Tierra); es decir, entre personas. Entonces, los “Sillari” (Plaga de gusanos que comen las semillas sembradas o el brote) se alimentan de estos frutos enterrados, que son un poco más dulces. Por tanto, ambos quedan conformes el “jaqi” (persona) que obtendrá la papa para comer y el laq’u que comerá de la fruta para cumplir su ciclo de vida en comunidad. Igualmente, Grimaldo Rengifo nos recuerda que “junto con la papa apareció el papa kuru (gusano de la papa), ambos son inseparables. Al andino no le quedó más remedio que conversar con el gusano y explorar las condiciones de sobrevivencia de ambos. Experimentó que la mejor forma de convivir para evitar que el gusano le cause amarguras y desventuras es estar armonizado, en equilibrio, consigo, con los suyos, y con la naturaleza”.

Yapus Urbanos como Partero cultural

En época de anata, estamos en presencia de una conversación entre los protectores de la casa como es el “Kuntur Mamani” (cuidador ajayu de la casa) y los yapus urbanos. Esta conversación hace que una ch’alla sea más integral. Por un lado, celebramos la dimensión reproductora que son las semillas, etc. que están criándose en los yapus, y por otra, la casa que es la protectora que junto al adobe, cemento y ladrillos acompañan y protegen a la familia. El Kuntur Mamani a veces llora, dice la criadora Sonia Cuno: “mi mamá siempre decía que al kuntur Mamani siempre hay que darle, si va a llorar algo malo puede pasar, quizás te puedes caer, etc. Mis gentes ya no se recuerdan, dónde estarán mis gentes, dice la casa, por eso siempre hay que echarles con alcohol, con cerveza”.

La casa es un lugar vital para la vida en la ciudad, es donde dormimos y cuidamos a nuestros hijos e hijas, es donde nos alimentamos y es por eso, que la ch’alla a la casa y su protector el Kuntur Mamani, es importante. Casi toda nuestra vida en la ciudad gira alrededor de nuestra casa, aún más, con los yapus urbanos, ambos, se han convertido en el centro, en el lugar donde se siente y brotan las culturas, así también, en este lugar se teje y se cría la comunidad. Todo espacio donde “crio”, es un yapu es un lugar donde se siembra y cosecha, no solo papas y habas, sino también vida, es ese momento en el que nos convertimos en “Uywiris” (el que cría), no olvidemos que los primeros uywiris son nuestros ancestros y Achachilas.

En este tiempo podemos recuperar el sentir de muchos vecinos y su relación de encariñamiento con el yapu urbano, este espacio les ha devuelto la posibilidad de mantener sus costumbres, de ch’allar a las semillas y festejar con ellas, algo que solo podían hacer en el campo. Por ahora, este espacio urbano se convierte una vez más en un lugar donde se puede respirar cultura de la vida, podríamos decir que son los ayllus urbanos.

Para nosotros, los que acompañamos la ch’alla fue muy vigorizante ver a muchos de los criadores sonreír, agradecer y celebrar el florecimiento de sus semillas, vimos que para muchos de ellos era la primera vez que habían sembrado en la ciudad, por tanto, la primera vez que se alegraban con las semillas, Cristina López “Es la primera vez que siembro la variedad, en mi yapu hay arvejas, habas, papas, plantas medicinales: manzanilla, chilto, menta, cedrón, yerba buena y sábila, entre las flores tengo rosa blanca, rosada, kantuta y retama. Este Yapu me alegra mi corazón, no te deja enfermar, es muy lindo, estoy feliz; ellos son parte de mi familia”. La mayoría de los vecinos llevan en sus recuerdos, en sus genes, la experiencia de la crianza y comunidad que se recrían en la ciudad.

Este reverdecer de los yapus está destinada a trascender, si bien, hay otro brote del virus, aquí también se tiene el brote de las semillas. Es por eso que podemos considerar a los yapus urbanos como un partero cultural. Desde aquí, desde las laderas de la ciudad de La Paz, aportamos a la construcción de una ciudad para todos y para el todo, una ciudad más plural con respeto a la diversidad cultural, una ciudad más convivial, intercultural, interreligiosa, adaptada al cambio climático, comunitaria, hospitalaria, humana, amable, con respeto a la madre tierra y sus habitantes.

La Paz, marzo de 2021