EDITORIAL: Buen vivir y buen gobierno

EDITORIAL: Buen vivir y buen gobierno

Grimaldo Rengifo Vásquez. PRATEC, Lamas, octubre 2020.

En la vida comunitaria se nace y muere en comunidad. En los Andes no ha brotado el individuo. Todo se hace en comunidad, no solo humana, sino en armonía con la naturaleza y las wacas.

Estos grupos comunitarios tienen nombres diversos, siendo los grupos de ayni y la minka sus expresiones más conocidas. La vida andina misma es una relación de crianza colectiva, como dicen los campesinos cajamarquinos del norte de Perú: “todo se hace en minga”.

Cada persona es pareja en sí mismo. Cada persona es ella y su ánima. El ánima no es algo inmaterial, trascendente. Es un miembro con el cual vivo, es uno de mis “cuerpos”, un cuerpo visible, patente y evidente en la vivencia andina. La vivencia íntima es en pareja y es lo que permite una vida en armonía con uno mismo. Cuando uno de los miembros que hacen a la pareja se ausenta – como hay veces suele suceder cuando el ánima se aleja por el denominado “susto” – el otro u otros cuerpos que anida en “uno mismo”, se resienten y la vida se desarmoniza. Refiriéndose al ánima de los productos, Hilaria Mendieta Conde, de Quispillacta, dice:

Así nomás no se vende ni se regala, se challa con agüita de sal, entonces así no se va con su ánima más, siempre queda y no nos niegan. Otras veces, disimuladito nomás, ya cuando estamos dándole, ya sea en manta o canasta, se saca una unidad, sea en papa u oca, así entonces se queda su ánima, no se lo llevan todo (ABA, 1998:133)2.

De allí que la pareja y la comunidad no sean una vivencia sólo externa, sino un sentimiento que vive en cada miembro de este pacha. Existen rituales para hacer volver al ánima cuando ella se ausenta. En este sentido se puede decir que los actos de cualquier persona en los Andes son expresión de un ayni propio, expresión de la conversación entre las entidades que nos habitan. En el cuerpo de cualquier miembro de este pacha residen personas y en consecuencia lo que se hace es también expresión de este diálogo interior, de modo que a la conversación con la heterogeneidad de seres que pueblan el pacha hay que agregar el habla que anida en esa comunidad de personas que pueblan la trama de la vida de cada quien.

En una comunidad como la descrita, lo que cada quién hace es pues expresión de un diálogo. Las decisiones son colectivas y derivan de relaciones de crianza recíproca que se expresan dentro de una vida vivida en comunidad, de una vida en ayllu. En esta dirección no existe organización – acción y efecto de organizar – pues este concepto antropocéntrico supone la existencia de una jerarquía, de un agente y una acción externa que organiza, y de alguien receptor de dicha acción, el paciente. En las comunidades andinas y amazónicas en un momento manda el humano, pero en otras una deidad, o la luna.

En la organización moderna de la sociedad, la naturaleza y las deidades no cuentan para las decisiones. La naturaleza es recurso sobre la cual se ejerce el dominio organizado del hombre. En la organización social el hombre es el fin y todo lo demás es medio. En una sociedad se reproduce el esquema jerárquico de relación del hombre con la naturaleza, y deviene normal el uso del concepto de recursos humanos para designar a humanos concebidos como medios para la ejecución de una actividad determinada. En la organización social los fines los da el hombre, pero no cualquier hombre sino el empresario, el que controla, dirige y detenta el poder.

En una comunidad en que las decisiones sobre la siembra se hacen en conversación con la Pachamama, los Apus o Achachilas, la lluvia, el granizo, las semillas, la helada, entre otros, no hallamos otro concepto que muestre esta relación de conversación recíproca y en equivalencia que el de organicidad, un neologismo derivado de orgánico, que se aplica a seres vivos relacionados con otros y que actúan de modo coordinado. Lo organicidad posee un orden y una autoridad que lo coordine de modo circunstancial y local, útil para un espacio y un tiempo convenidos por la comunidad.

La organicidad no sólo es vida en relación, sino acompañar la capacidad de enlazar, y de enlazarse, de enhebrar y enhebrarse en el tejido de la vida que es el pacha para que en cada circunstancia la vida siga su curso regenerativo. La organicidad se entiende si comprendemos que el pacha es un tejido. También, en otras partes de los Andes pacha es tierra, también la circunstancia temporal que se vive (tiempo), el microcosmos que nos rodea, etc.

Si cada hebra es un miembro vivo del pacha podemos comprender que la organicidad es la capacidad que tiene cada miembro de tejer el pacha. Si todos tejen, cada miembro del pacha es tejido a la vez. La organicidad en este sentido es otro modo en que se expresa la crianza, pues al tejer como al criar se es también tejido, arropado, anudado, amparado, criado.

La organicidad de la chacra es sinónimo de conversación y crianza. Para criar una chacra, la comunidad humana tiene que conversar con las diferentes colectividades naturales y sagradas. Cada familia lo hace en su chacra particular, pero la chacra es una porción de tejido de un tejido comunal más extenso con el que mantiene relaciones de conversación. La chacra de una aynoka o de un muyuy, suyo, suerte o manda – según sea la denominación regional de tierras de gestión comunal – es un miembro del tejido de la aynoka y establece con ella relaciones de conversación para mantener la armonía del conjunto de la aynoka. Pero hay aynokas y aynokas y hay suyus y suyus, como hay muyus y muyus dentro de una comunidad. La comunidad es un tejido de tejidos. La conversación entonces no se puede referir al cuidado de una sola chacra sino a las chacras en su conjunto, al tejido de la vida.

Para cuidar y criar estas organicidades brotan de modo íntimo y asociado a cada tejido su correspondiente tejido de autoridades coordinados por el alcalde de la chacra, el Arariwa o el kampu Marani, según se trate de regiones quechuas o aymaras. La noción de tejido vivo nos previene además de la idea de jerarquía presente en la organización social. La autoridad aquí no es jerarquía sino el que tiene el cargo de estimular, coordinar, entramar y yapar a todos en la tarea de tejer al pacha.

Y esta autoridad, como veremos, no sólo es humana, sino sagrada, natural y chacarera. Pero  también  tienen autoridades  la  sallqa, las  wacas  y los  mismos cultivos. El testimonio de don Armando Cruz de Quispillacta, Ayacucho, es ilustrativo respecto a este tema, él dice:

Los maíces tienen su autoridad… cuando realizamos el aporque de los maíces con desgano o si iniciamos muy tarde, la autoridad de los maíces está pendiente y esperando a que termines rápido de aporcar para que todos vayan a refrescarse a la playa…Cuando se termina el aporque de los maíces todos van a la playa y la autoridad es la encargada de velar para que todos vayan juntos y de ayudar a los más débiles (Machaca, G. 1998:111)3.

De la Cruz Cisneros, comunero de Quispillacta nos comenta además de la organicidad de los wamanis (montañas sagradas) de la región de Quispillacta.

Se debe hablar a los wamanis por su nombre y cargo que llevan, así para Quispillacta el Presidente es Rasuwilca, el Alcalde es Acuchimay, el Teniente es Condoray, Regidores: Runquylla y Pukakunka, y el resto son autoridades Varas (Machaca, G. ibid: 104).

Estas autoridades son miembros de la chacra y tienen la tarea y la responsabilidad de hacer conversar, de desatar los conflictos que pueden haber entre las distintas colectividades que participan de la crianza. Esta responsabilidad se vivencia como un servicio y la aprenden desde pequeños los miembros de las comunidades humanas, siendo común encontrar niños como brazos de las autoridades llamadas en Ayacucho, umas (cabeza en quechua ayacuchano). Son los denominados solteros varas.

Las tareas de las autoridades pueden durar uno o dos ciclos y cualquiera fuese su gestión rotan, cambian pues cambian los cultivos, cambian las tierras, cambia la naturaleza. Ninguna comunidad y ninguna colectividad – sea runa, chacra, sallqa, o waca – puede estar al margen de este cambio, por esto es que se llaman “cargos”, es decir se trata de un encargo para hacer viable la organicidad del ayllu. Sobre el cargo que ejercen los cultivos, es particularmente relevante el que se realiza en el altiplano puneño. Allí, en la fiesta a las Ispallas – deidades de los cultivos – las Ispallas de la cosecha anterior rotan el cargo con las Ispallas de la cosecha presente, y lo hacen ritualmente y en condiciones de equivalencia respecto de cualquier miembro del pacha. En palabras de doña Eugenia Pacorina y de su esposo don Felix Apaza:

La fiesta de las Ispallas (semillas) es en Candelaria, para esa fiesta la Ispalla siempre produce, así sea siembra tardía, entonces para su fiesta siempre llega como si fuera gente… No sólo se encuentran las Ispallas nuevas, sino que tienen que encontrarse con las Ispallas madres o abuelas, haciéndoles abrazar, como mostrándonos que le estaría encargando a la Ispalla nueva, diciendo que nos hagan comer o que éstas Ispallas nuevas les toca criar a las gentes como una especie de relevo …Algunos paqos (sacerdotes andinos) dicen que cuando las Ispallas abuelas, en el momento en que está dando su bendición dicen con el siguiente encargo: “Así como nosotros le hemos criado a estas gentes, ahora les toca también criar a ellos” (En: Chambi, N. y Chambi,W. ob.cit.: 59)4.

Y es este cambio el que permite que la crianza continúe pues como la responsabilidad no es algo dado, sino que se cría, la única forma de criar la autoridad es en el ejercicio del cargo, en su crianza. Si una comunidad se desvincula de la responsabilidad de la crianza, la vida misma se altera, se tensa y deviene conflictiva y enferma. En estas circunstancias la organicidad se disuelve para dejar paso a la organización social, al ejercicio del poder por una colectividad determinada, que ejerce su autoridad de modo permanente y autoritaria sobre las otras.

La civilización occidental moderna erigió un modo de gobernarse sustentada en su antigua tradición. Basándose en los preceptos y prácticas de la Grecia antigua apostó por la democracia representativa, un modelo que en su origen es antropocéntrico y jerárquico: para hombres varones, citadinos, y libres (es decir no esclavos, y no rurales) y que sirvió de modelo de gobierno luego de la revolución francesa y norteamericana.

El sistema capitalista lo adoptó y, aunque en teoría está hecha para hacer posible la voluntad popular, lo sometió a sus designios, y pareciera ser, como dice Esteva, su forma política5 la adecuó a su desarrollo. O quién sabe en su origen estaba el ser funcional a un sistema de acumulación de ganancias, al despliegue del individuo y sus pasiones, al desarrollo de la retórica como un modo de convencer al disidente, al ejercicio del poder, al mandato de las mayorías y al sometimiento de las minorías, entre otros aspectos. La justicia, en este contexto, quedó como un aparato administrativo para regular el conflicto intrínseco al sistema pero no para hacer hombres virtuosos6.

No es de extrañar que en un momento de crisis terminal del sistema de acumulación capitalista basada en la extracción del plusvalor, su modelo de gobierno entre también en una crisis profunda. La corrupción no es novedad, ha sido parte de la existencia del sistema aun con jueces probos, pero al igual que el cambio climático que siempre existió, lo específico del momento es su dimensión y alcance. Afecta o más bien infecta todo el tejido social en cuanto a su alcance, y es de unos volúmenes tales que harían palidecer a los ladrones de los cuentos de hadas.

El uso sistemático de los aparatos policiales se ha impuesto como lo habitual y regular para evitar la subversión contra el sistema. La democracia ahora en un sistema que requiere para subsistir, ya no del consenso, sino del uso cotidiano de la fuerza que obra en nombre de un orden –o más bien desorden- que le es útil. ¿Hay otras formas de gobierno fuera de la democracia? Las tradiciones andina y amazónica proporcionan una variedad de ejemplos para entender formas de lo que ahora se llama “buen gobierno” en las comunidades y que se usan para diferenciarse de los generalizados malos

gobiernos. Subsisten, y aunque estén penetrados por las formas de democracia representativa existen una variedad de formas en que ésta ha sido digerida no sin problemas.

Desde sistemas paralelos, uno más para adentro –los varayocs por ejemplo- y otro más para afuera que son extensiones de los sistemas políticos de representación ciudadana. Sistemas mixtos, en el que una autoridad tradicional sirve al mismo tiempo para funciones al interior y al exterior, como los Apus de las comunidades nativas amazónicas, o los Tenientes Gobernadores aymaras, etc. Conviene en un momento en que la crisis ha rebasado cualquier cálculo sensato explorar en nuestra tradición modalidades de convivencia otras, como los que se han descrito, que ojalá si no nos permiten salir del pantano, cuando menos nos hagan pensar y creer que otros mundos son posibles.

Criterios
Contenidos
Forma de gobierno
Sistema de cargos que viven en una comunidad. El cargo  anuda, teje, y refuerza las relaciones en el ayllu.
Elección
Consenso. Intervienen las deidades (Biocéntrica). Es el ayllu la base de la autoridad.
Mandato
Rotativo. No basada en derechos de los individuos sino en obligaciones comunes en un territorio determinado.
Género
Asume la pareja: qari-warmi. (hombre-mujer)
Papel de la comunidad
Apoyo, cuidado, fiscalización.
Autoridad
Mandar obedeciendo. Autoridad: el que hace crecer a la  comunidad y no se sirve de la comunidad.
Valoración
Importancia del servicio y la solidaridad con los demás. Autoridad carismática valorada si ha conducido bien al ayllu durante su período. Ha conversado bien con el clima, las deidades, y ha sabido resolver los conflictos entre humanos.
Duración
Un ciclo, un wata, un mara. No siempre es un año calendario
Aprendizaje
Desde niño se va asumiendo cargos. Aprendizaje intergeneracional y en la vida misma.
Ámbito
La comunidad. En ciertas circunstancias cabildos (comunidad de comunidades), y en otras, ámbitos regionales y pan-andinos. Territorio como pacha o mundo, y ayllu como la casa en el territorio. Ámbito plástico:  se contrae o dilata.
Derecho
Consuetudinario. Jurisprudencia de la Tierra.

(1) Ver el video “Puchka Kururay” (ovillando la vida) en la web de PRATEC. Pratec, videos.

(2) ABA. Asociación Bartolomé Aripaylla. “Kawsay Mama”. En: Crianza Ritual de Semillas en los Andes. Pratec. Lima, 1998.

(3) Machaca, Gualberto. “Cariño y respeto en la crianza de la cultura agrocéntrica en el ayllu Quispillacta”. En: Kancha Chacra Sunqulla. La cultura agrocéntrica en el Ayllu Quispillacta. Pratec, Lima. 1998.

(4) Chambi, N. y Chambi, W. Ayllu y papas. Cosmovisión, religiosidad y agricultura en Conima, Puno. Asociación Chuyma de Apoyo Rural “Chuyma Aru. Lima. 1995.

(5) Dice Esteva, G. en La Lucha por la Libertad. “El capitalismo puede operar bajo dictaduras, pero sólo en forma transitoria: la democracia formal es su forma política, necesita esa fachada operativa. El estado- nación, que fue la arena para la expansión del capitalismo, hoy es obstáculo para su operación; del mismo modo, la democracia, que fue un instrumento de control, hoy sobra”. Documento interno. Sesión 4. Seminario: Otros Horizontes Políticos. Más allá del capitalismo, el estado nación, el patriarcado y la democracia formal. Oaxaca, México, abril, 2018. [1] “Prácticamente todos los movimientos de liberación importantes de los tres últimos siglos han tenido que hacer frente desde el principio a un ordenamiento legal, por no mencionar el aparato policial, que estaba dispuesto específicamente contra ellos…” En: Scott, James. La utilidad del caos y del carisma. Una perspectiva anarquista. Universidad de Yale. EEUU. En Biblioteca Cesareo Capriles, 2013.

(6) “Prácticamente todos los movimientos de liberación importantes de los tres últimos siglos han tenido que hacer frente desde el principio a un ordenamiento legal, por no mencionar el aparato policial, que estaba dispuesto específicamente contra ellos…” En: Scott, James. La utilidad del caos y del carisma. Una perspectiva anarquista. Universidad de Yale. EEUU. En Biblioteca Cesareo Capriles, 2013.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.